Post: Puntualidad a prueba de todo

Image by [Sarah Maguire] via Flickr
Tut! Tiiiriririt!O al menos creía yo que era libre.- Lexihel Sistemas y Farmacia: Atendemos las 24 horas del día y reparamos su PC mientras le salvamos de un infarto. No aceptamos tarjetas de crédito..:
- ¿Nieto? ¿Es usted?
- ¡Oh! ¡Abuelo! ¡Perdón..! Eh… Dígame —Esa voz familiar me hacía saber que debía tratar de llenarme de paciencia, el sarcasmo convencional tiende a sacudir las raíces del árbol genealógico y pone en riesgo la seguridad de mi rama en particular y sus posibles retoños—
- Necesito que me ayudes con algo, no se como hacerlo.
- ¿Pero es con la computadora?
- ¡No hijo! Yo no uso eso. Véngase, aquí hay cena.
- P… Pero… Estoy preparando ce…
- ¡Véngase! Que me quiero acostar temprano. No había excusas, ni peros ni después… Las raíces del árbol no creen en esas cosas. Así que pedí unos minutos para terminar de preparar la cena y com…Tut! Tiiiriririt!
Tut! Tiiiririri!Nada! Ya no comería.
- Lexihel al pereto…
- Le estoy esperando.
- Sí, sí… Yo termino a… aaah… Voy para allá.
- Ok.
Dejando la cena en pausa y al estómago con sus sueños rotos, tomé mis llaves, me calcé y salí disparado a casa de mi abuelo, pues parecía ser urgente la cosa. A unos metros de la casa noté que ya hasta la puerta estaba abierta. Pasé y entré mirando a los lados, como quien espera que le den un susto, a la espectativa de encontrar algo roto, a medio armar o quien sabe que. Quizás esperando a escuchar una solicitud de ayuda para prepararle una cena. Finalmente me acerqué a su cuarto y ya dispuesto a salvar a la humanidad recibo instrucciones… “Cómo está nieto. Se que siempre me enseña pero… Volví a olvidad cómo ajustar el despertador en el nuevo celular. ¿La ajusta por mí?”. Mi cara debía reflejar el más alto grado de perplejidad alcanzado en meses y no había alcanzado a decir palabra alguna cuando escuché “5:45am, por favor”. En silencio ajusté el reloj en menos de cinco minutos: - Ya está.
- ¿Eso era todo, nieto?
- Eso es precisamente lo que me pregunto yo querido abuelo.
- Bueno, es que yo no se. Pero si ya está, se puede ir. Gracias y Dios me lo bendiga.
- No… Ya deje así… Le acepto la invitación a cenar, para sentirme más a gusto con el viaje. Mi abuelo sonrió con esa sonrisa de niño travieso que todavía a su edad sabe dibujar muy bien mientras posaba su mano sobre mi hombro. “Le quiero mucho nieto… —Me dijo mientras reía— No se lo hago más”. “Estoy seguro de eso abuelo” respondí, abrazándole con un brazo y cruzando los dedos a escondidas en el otro…