Preludio de un estornudo desesperado… (I)

Todo el mundo estaba consternado: Casas que rodaban y volaban, automóviles y tanques de guerra que salían disparados por los aires y caían hechos trizas en algún lugar del océano y nadie entendía por qué. ¿Por qué?
La única que lo sabía despertó esa mañana con cierta angustia. Estaba completamente congestionada; su temperatura mínima estaba demasiado alta y su temperatura máxima estaba demasiado baja, sentía escalofríos por todo su cuerpo y cierta piquiña molesta por su norte. Además tenía un sabor aceitoso y desagradable en su saliva y sus poros estaban secos e irritados. “¿Qué rayos tengo?” Pensó. Se despidió de la luna y saludó al sol al empezar la nueva jornada, se desperezó —como todo ser de la creación también siente pereza en cada nueva jornada- y se sentó a leer la Osa Mayor, tratando de tranquilizarse.
-Hoy tienes más de esas sombras negras cerca del hemisferio derecho -Dijo un asteroide que pasó a saludar.
-Sí, es el Nervio Arábigo, me está echando mucha broma.
-¿Cómo lo soportas?
-Para eso me hicieron
-Pero es injusto
-Muy injusto
Bajó la mirada, el asteroide no pudo continuar conversando, su vida es muy ocupada, siempre viajando de uno a otro sitio ya empezaba a alejarse. El Creador la miraba de lejos y sacudía la cabeza desconsolado.
-No lo soporto -dijo ella
-No se qué decirte -contestó El con una mueca un tanto melancólica- Te entregué a ellos como un tesoro con toda tu belleza y tus riquezas, única en el mundo conocido, quizás exclusiva, de pronto hasta envidia de los mundos por conocer, pero ellos no hacen más que mirar a otras que podrían ser como tu, mientras te destruyen y se destruyen a sí mismos… Es… desconcertante.
-Espero -gritó, en la distancia, un apenas visible (pero fácilmente audible) planeta con voz nerviosa- que no se enteren de mi existencia.
El Creador —que sí le veía muy bien- le miró.
La luna se encogió de polos.
El Creador la miró.
La tierra suspiró.
El Creador sopló algo de esperanza sobre ella.
De pronto sintió ella un dolor punzante en el músculo europeo, era como, como cuando te golpeas la pantorrilla contra el borde de una mesita de café. Era, era horrible, le zumbaba el núcleo por los gritos, las bombas, las quejas, los llantos. Sintió pánico, dolor, angustia, dolor, desesperación y dolor… Y humo y ganas de estornudar… El Creador trató de calmarla para que soportara, pero era tarde; iba… iba a estornudar…
-
lexihel posted this