Un cruce inesperado
A las 10:30 de la noche nació la hija de María Colmena Blanco y Juan Ramón Fuentes. Enseguida decidieron que llevaría los nombres de sus bisabuelas, nació bastante saludable y bonita aun cuando el parto no fue el más sencillo. Hubo mucho trabajo y dolor. Además de mucha amargura, que emanaba de aquel joven médico que no se sabe por qué razón descargaba todas sus frustraciones en aquella pareja. Hasta el personal de enfermería estaba consternado cuando escucharon el “se van a morir, pendejas… ¡Ya verán como no lo logran!”. Todo el mundo le ignoró y trabajó lo mejor posible para contrarrestar las maldiciones lanzadas por aquel infeliz ser.
Rosita creció como todo infante de su edad y situación: muchos sueños, muchos fracasos, consejos, regaños, alegrías, llantos, uno que otro lujo… Era normal y así creció, logrando dejar atrás aquellas maldiciones que recibió de bebé ella y sus padres “echaron pa’lante”, sin dudar ni un minuto. Fue creciendo y escogiendo poco a poco entre sus sueños, limando sus habilidades y conocimientos, lustrando todo lo que había aprendido y sin dejar pasar los consejos recibidos de su familia: Rosita ahora era mayor, ¡lo había logrado! Ahora vivía feliz con su familia, su recién alcanzada profesión y su perro y había demostrado a aquel fantasma del pasado que hacía falta más que un infeliz deseo para detener sus ganas de volar. De aquel doctor más nunca supieron nada, aunque vivía todavía, pero ni siquiera se lo tropezaban en la calle, mejor aun, si su madre le reconocía sería una experiencia muy, muy incomoda.
Cierta tarde, de esas tardes de viernes que parece ir normal en la que sólo vivir te alegra, aunque nada más emocionante haya pasado, recibió una llamada mientras entraba a la casa y cerraba la puerta. Tomó nota rápidamente en su cuadernillo y luego de un rápido ir y venir de preguntas y respuestas, termina la llamada y se sienta en el comedor, con la mirada perdida en las líneas escritas. Los días después de aquella escena pasaron rápida y a veces angustiosamente, para detenerse en aquel momento en el que se acababan de detener, de pié, mirando al frente y al centro de la sala. Al otro lado de la puerta un par de hombres jóvenes y un tercero algo mayor, este último muy callado.
- Y bien –se escuchó una voz desde el centro de la sala- Se inicia entonces el proceso del Estado contra el ciudadano Dr. Fulano Mendoza, sobre quien reposan diversos cargos, incluida Negligencia Médica. Que el abogado defensor; Pedro José Suarez Duarte y la fiscal Rosa Margarita Fuentes Colmena presenten sus partes en este caso…
El Dr. Fulano alzó con sorpresa la mirada y de inmediato rompió a llorar. Ella lo había logrado y en manos de ella estaba… lo poco de libertad que a el le quedaba. Se sintió morir… Se sintió… ¡Pendejo!
Colgado vía email from El Posterous de Lexihel y Lexaleth | Comment »