

Ahí arriba ya se pueden ver el escaparate y la nueva cesta de ropa. También pueden ver que la llave del lavaplatos cambió de ser un viejo y triste tubo de cobre doblado a la fuerza a una decente y sencilla llave “cuello de cisne” que reluce en plateado. También pueden ver una bonita mesa de ratán. Pero todo sigue hecho un nudo. Así que había mucho todavía por hacer. Así que procedí a armarme de taladro y herramientas y con algo de sudor, un par de palabrotas, mucha ayuda de Dios y un dedo quemado, instalé la platera. Esa misma noche con Ayuda de Elizabeth llegaron la computadora y la cama. Fue la primera vez que dormí en el nuevo lugar. También cabe destacar, por supuesto, las dos bonitas cortinas que hizo mi novia, con ayuda de mi madre, para la entrada al baño y la parte baja del lavaplatos. Floreadas y todo, por suerte no tengo problemas con eso de las flores y la sexualidad.

Sí, lo notaron, lo primero que hice fue encender la PC y tumbarme en la cama. No “arreglé” nada porque quería una foto natural, así que ignoren la ropa colgada y la cama destendida. Perfecto, ahora ya era un cuarto, pero la idea es que sea un apartamento así que faltaba algo más. Al día siguiente limpié tanto la cocina y la nevera (gracias a Dios y mis padres por ellas) y cuando nadie se dio cuenta, “juaz!” la nevera fue a tener al cuarto, luego, con ayuda de Eli, pasé la cocina y la bombona de gas. Otro desafío, la cocina pasó horas con una fuga de gas, otra vez con paciencia y mucha asesoría la reparé y se hizo la paz.

De nuevo la foto al natural y sin maquillaje ahí arriba, por eso esta vez les pido ignorar los dos paños (uno rosa y uno azul) colgados al azar por el lugar. El azul está allá arriba por un accidente con el café que requirió una limpieza de emergencia, el rosa porque el ganchito para el paño aún no había sido colocado. Ahora sí, casi todo completo. Luego con algo más de tiempo y paciencia mi madre y yo instalamos unas repizas hechas en casa para colocar quien sabe qué cosas (que ahora se me ha hecho muy útil para guardar viveres y utensilios), una en la esquina de la barra del lavaplatos y otra justo debajo (que está cubierta por la cortina. En un momento de completo ocio, más tarde, fijé el simpático ganchito que serviría de hogar al paño de cocina.

Y así pues, ya llevo casi una semana en este lugar. Es cómodo, fresco y agradable y aunque aun le faltan cosas, debo decir que estoy agradecido y contento por el apoyo recibido y por el logro alcanzado. Pero el reto apenas comienza. ¡Que sea lo que Dios quiera y a seguir avanzando!

